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Carlos Morales La libertad de expresión y pensamiento es la madre de todas las libertades. Cobija a todas las otras (religión, comunicación, prensa, credo, publicación, movimiento, etc.), y por ella debemos dar hasta la vida, según recomienda el Quijote, y enfatiza Voltaire. Pero esa libertad no es solo para los diarios, como pretende y coarta la sala, y aunque es preferible “diarios sin gobierno” que lo contrario, según dijo Thomas Jefferson, se equivoca el tribunal constitucional cuando, en nombre de la libertad de expresión, le limita la libre expresión al Presidente Rodrigo Chaves, por más contumaz que este sea. El lenguaje es el vehículo de ese derecho y libertad primera, del libre albedrío y, por eso, demanda TOTAL libertad. Sus excesos o extralimitaciones los regularán las leyes y, por ende, deben ser ventilados en los tribunales comunes. La Sala Coarta no puede, ni debe, meterse en asuntos de urbanidad ni de buenos o malos modales. Su manual es la Constitución Política y no El Carreño. Si Chaves insultó a alguien, pues al Procesal Penal, pero su lenguaje no puede ser coartado por un tribunal que pareciera plegarse cada vez más a uno de los dos bandos en lucha: La Nación y los medios ricos contra el gobierno. Lo verbal se responde con un mejor argumento y lo injurioso con el juicio penal. Los calificativos de Chaves son un piropo si se comparan con los que corren en cualquier sesión del parlamento de España. En este programa toqué un poco ese tema. Los comentarios están cerrados.
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